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El gobierno de los Estados Unidos ha decidido recientemente permitir a mujeres extranjeras con casos severos de violencia doméstica ser consideradas para recibir asilo, según el New York Times. Esta postura revolucionaria fue expuesta en un procedimiento judicial para el caso de una mujer conocida como L.R., quien fue víctima de violencia doméstica armada en México.

¿Por qué este cambio es tan revolucionario? La ley sobre refugiados es muy exigente: además de probar que no han sido capaces de conseguir protección en sus respectivos países, las mujeres deben probar un “miedo debidamente justificado de ser perseguidas por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía a algún grupo social en particular u opinión política.” En el caso de L.R., los abogados del gobierno Bush argumentaban que las víctimas de violencia doméstica no cumplen con los anteriores requisitos, sin embargo, el nuevo gobierno de los Estados Unidos llegó a lo que el New York Times llamó una “odisea legal” para encontrar una categoría que aplicara a la ley.

En una declaración a la corte, L.R., quien escapó a los Estados Unidos con sus hijos en el 2004, cuenta su historia de horror. Su agresor, de una poderosa familia, comenzó a abusar de ella cuando era una adolescente. Con el paso de los años la obligó a vivir con él, la violó apuntándole con una pistola, intentó quemarla viva cuando estaba embarazada y amenazó con asesinar a su familia. La policía nunca la ayudó y hasta un juez intentó seducirla.

Su declaración a la corte señala la impotencia y desamparo que siente una mujer cuando existe un arma de fuego en la violencia doméstica:
“Él le dijo a mi hermana que tenía cosas del colegio que hablar conmigo así que teníamos que estar sólos en otro cuarto. Yo no quería ir con él, pero tenía una pistola en su mano y me la mostraba. Fue la primera vez que tuvo una pistola y quedé aterrada. Cuando me tuvo sola en su cuarto me apuntó con la pistola y amenazó con matarme si no tenía relaciones con él. (…). Me dijo que mataría al bebé de mi hermana primero para que los demás vieran y luego mataría a mi hermana y su hijo de 3 años si yo no cumplía su orden. Le tenía miedo y él tenía un arma. Me violó. Estaba demasiado avergonzada y asustada para contarle a mi hermana lo que había pasado.  (…) Luego, esperé para abordar un autobus a Ciudad de México con todas mis cosas. Él me agarró de la fila del autobus y me mostró la pistola en su chaqueta. Me obligó a ir a su casa, donde me forzó a usar una chaqueta grande para que pudiera apuntarme con la pistola sin que nadie lo notara. Luego me arrastró a un teléfono público y me obligó a llamar a mi hermana y decirle que yo lo amaba a él y que me iba a quedar con él. Me llevó a su casa y me mantuvo como prisionera por varios años.”

La descripción de L.R., de su estado de desesperación y la falta de apoyo por parte de las autoridades Mexicanas me recuerda de las historias que me han contado en Colombia, de las cuales estarán escuchando más dentro de poco: “la policía me dijo que era un asunto privado y que mi vida no estaba en peligro, así que no podían ayudarme”.

Idealmente las mujeres deberían encontrar suficiente apoyo y protección en sus respectivos países – que es por lo cual luchamos en esta campaña. Sin embargo, aplaudo esta valiente iniciativa que muestra al mundo que la violencia doméstica no es un asunto sin importancia. Al tomar esta decisión, el gobierno de los Estados Unidos está apoyando indirectamente la campaña de IANSA y todas las asociaciones y actores que trabajan diariamente en Colombia y alrededor del mundo en contra de la violencia doméstica.

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